¿Corazón de condominio?, no, el mío es de motel.

3 06 2011

Es posible que hace no tanto tiempo, tanto como el no quiero admitir y que si estoy dispuesto a aceptar, me diera cuenta de una verdad y es que si no somos todos, al menos yo tengo un corazón de condominio.

Me imagino que se estarán preguntado: ¿acaso será posible, el buen Indigo, es uno de esos tipos que tienen su propio harem? Honestamente, la respuesta es no, no tengo un Harem, aunque me encantaría tenerlo prefiero a mi muy querido, distinguido y nunca bien ponderado club de fan´s y grupies.

Qué como lo tengo, es un misterio. pero allí esta presente y ya que por lo general no me gusta entrar en esa clase de detalles,  les aseguro que algún día cada uno de ustedes mis queridos imaginarios tendrán el suyo propio, si es que acaso no lo tienen ya.

De cualquier forma me disponía a desvelar todo el misterio del Condominio cardíaco. Pero tendría que empezar con las divisiones, ese tema de las estancias y el decorado de cada habitación hasta llegar al muy privado y exclusivo penthouse, que sin hacer ninguna referencia en a nada en particular,  debería  de tener una cama circular de 4 metros de diámetro y jacuzzi para 8 personas.

Verán es una cosa mucho menos simple de lo que parece, pero más compleja de lo que aparenta, ahora empiezo a sospechar que más que condominio mi corazón es como una especie de  motel, ya saben con columpios, banquitos, suaves sabanas, tubos y duchas de acrílico, pero sin villas, el que visita mi motel lo hace por su propio pie.

Estoy seguro que mi motel cuenta con todo lo necesario, toallas limpias, artículos de aseo personal, menú gastronómico, un avanzado sistema de audio con no menos de 5 canales y muchas y muy variadas prestaciones, o al menos a si me lo imagino ahora.

Con todo esto, el misterio sigue estando latente, ¿por qué un motel?, verán, el otro día estaba comiendo y mientras comía así sin aviso me acordé de algo que me robó el aliento durante unos segundos, ese recuerdo me llevó a otro y a otro hasta que me de cuenta de la triste verdad.

Si es cierto que el “corazón” es el lugar donde se albergan todas las emociones de las personas, el mio, muy seguramente es un lugar de paso; todos sus huéspedes que no inquilinos (a diferencia de los condominios) llegan por sí mismos, cubren los mínimos requisitos de ingreso, hacen lo suyo de forma natural, apasionada y emotiva, terminan y se van.

Así de fácil, así de simple y así de sencillo. Sin trucos, ni letras chiquitas; al día de hoy creo que no tengo la capacidad de prolongar la estancia de nadie, digo algunas veces, algunos visitantes regresan pero creo nadie se ha quedado mucho tiempo.

Resulta curioso por que todos los que han estado allí han dejado una huella importante, si lo tengo que describir con palabras, todos hemos estado en esos restaurantes en los que la gente “famosa” deja su autógrafo en las paredes, justo así lucen las paredes de mi motel. Lo cual desde muchas perspectivas lo vuelve especial.

Sin embargo y muy casualmente me di cuenta que nadie vive allí, parece que en realidad no hay nadie que quiera quedarse largas temporadas, pero no los culpo aunque los moteles son interesantes, muy divertidos y emocionantes, honestamente nadie viviría en uno,

Creo que no se trata del fondo más que de la forma, en el fondo creo que no es tan malo ni tan serio.

Pero no quiero entretenerlos más, pronto bajaré a la recepción a ver si llega quien estoy esperando, nunca se sabe, hoy podría ser el día en que finalmente tengamos un inquilino

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